¿Alguna vez te has preguntado por qué un sonido aparentemente pequeño, una luz parpadeante o la etiqueta áspera de una camiseta puede desencadenar una respuesta emocional intensa en tu hijo?

Para muchos padres, estos momentos son desconcertantes. Puede que te preguntes si es un problema de comportamiento o si tu hijo simplemente es “exigente”. Pero según nuevas investigaciones, la respuesta se encuentra en lo más profundo del cableado cerebral.

En el episodio de esta semana del Podcast Autism Weekly, conversamos con la Dra. Shulamite Green, Profesora Asociada en UCLA y directora del Laboratorio UCLA SCAN (Neurodesarrollo Sensorial, Cognitivo y Afectivo). Ella explica la neurociencia del procesamiento sensorial de una manera que transforma nuestra visión del autismo, la ansiedad y las dificultades cotidianas.

Si alguna vez te has sentido impotente al ver a un ser querido luchar con la sobrecarga sensorial, esta investigación podría darte ese momento de “¡Ajá!” que tanto has esperado.

El “cerebro en llamas”: una realidad biológica

Imagina que entras a una cafetería concurrida. Escuchas la máquina de espresso, personas conversando, la puerta abriéndose y música de fondo. Para un cerebro neurotípico, una región específica llamada tálamo actúa como filtro. Elimina el ruido de fondo para que puedas concentrarte en la persona sentada frente a ti.

La Dra. Green explica que, para muchas personas autistas, este sistema de filtrado funciona de manera diferente.

“El cerebro no está filtrando esa información”, señala la Dra. Green. “Lo están experimentando todo, todo el tiempo.”

Esto no es solo una sensación; es visible en las imágenes cerebrales. La investigación de la Dra. Green en el Laboratorio UCLA SCAN muestra que cuando los adolescentes autistas son expuestos a estimulación sensorial, sus cerebros reaccionan con mucha más intensidad que los de sus pares.

Específicamente, la parte del cerebro responsable de la respuesta de “lucha o huida” se activa. Esto significa que un ruido fuerte no es solo molesto; el cerebro lo interpreta como una amenaza real. Las personas autistas a menudo describen esta sensación como si su cerebro estuviera “en llamas”.

Para padres y clínicos, esto representa un cambio crucial de perspectiva. Una crisis en el supermercado no es una rabieta. Es una respuesta biológica de un cerebro abrumado por un exceso de información que percibe peligro donde otros no ven ninguno.

Cuando el procesamiento sensorial se cruza con la ansiedad

Uno de los hallazgos más significativos que discute la Dra. Green es el vínculo entre la hiperreactividad sensorial y la salud mental.

“La hiperreactividad sensorial está altamente correlacionada con problemas de salud mental, particularmente ansiedad, incluso en niños”, afirma la Dra. Green.

Esto tiene sentido si consideramos la biología. Si tu cerebro está señalando constantemente “amenaza” debido a la información sensorial, estás viviendo en un estado crónico de alerta máxima. Con el tiempo, esta activación constante del estado de lucha o huida puede manifestarse como ansiedad severa.

Generalmente, los niños mejoran su capacidad de filtrar señales sensoriales alrededor de los 10 años. Sin embargo, si esa regulación básica no se desarrolla, los niños autistas enfrentan desafíos compuestos al entrar en la adolescencia. La incapacidad de filtrar el ruido de fondo o ignorar las distracciones puede hacer que los entornos escolares y las amistades sean increíblemente difíciles de manejar.

Consejos prácticos: Fomentar la independencia desde temprana edad

Comprender la ciencia es validador, pero las familias también necesitan pasos concretos. ¿Cómo ayudas a un niño cuyo cerebro está constantemente en alerta?

La Dra. Green enfatiza la importancia de mirar hacia adelante. Aunque es natural enfocarse en los desafíos inmediatos de la infancia, las familias deben comenzar a pensar en la transición a la adultez mucho antes de lo que podrían esperar.

Inicia la conversación sobre la transición a los 12 años

La Dra. Green aconseja a los padres comenzar a trabajar en habilidades de vida independiente alrededor de los 12 o 13 años.

  • Practica la autodefensa: Ayuda a tu adolescente a articular lo que siente. En lugar de solo reaccionar al ruido, anímalo a decir: “El ruido aquí me lastima los oídos; necesito salir un momento.”
  • Identifica los desencadenantes: Trabajen juntos para identificar qué entornos provocan esa sensación de “cerebro en llamas”. ¿Es el centro comercial? ¿La cafetería? Conocer los desencadenantes permite crear estrategias antes de que la ansiedad aumente.
  • Crea zonas seguras: Asegúrate de que siempre haya un espacio de refugio disponible donde la estimulación sensorial esté controlada y sea baja.

Al desarrollar estas habilidades desde temprano, ayudas a tu hijo a manejar su entorno en lugar de ser dominado por él.

Únete a la investigación

La Dra. Green y su equipo en UCLA están trabajando activamente para comprender los fundamentos biológicos de estos desafíos y desarrollar mejores intervenciones. Buscan respuestas que vayan más allá del comportamiento y aborden las causas raíz de los retos sensoriales.

Si deseas obtener más información sobre sus estudios o participar en investigaciones futuras, puedes visitar el sitio web del Laboratorio UCLA SCAN.p

https://autismweekly.podbean.com/e/understanding-sensory-processing-in-autism-with-dr-shulamite-green-226

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